martes, 13 de septiembre de 2011

El seguro de vida

Todos los datos de este artículo han sido cambiados, pero las historias son reales.



Victor, mi cliente durante más de 15 años, murió hace unos meses. Era emprendedor, tenía un negocio. A veces con este tipo de clientes se tiene una relación estrecha, así que acompañé a la familia un momento en el tanatorio. Almudena, su viuda, me decía entonces, tengo que ir a verte a la oficina esta semana.


Un par de semanas después sentados en el despacho Almudena me contaba su complicada situación financiera. Yo le recordé que victor tenía un seguro de vida en el banco. Yo lo sabía porque anulamos uno hacía años, cuando compró el local, porque el banco le obligó a hacer otro y no podía permitirse dos. Entonces Almudena me confesó, que hacía un tiempo que no pudieron pagar el recibo del seguro de vida en el momento que cumplía, se anuló, y se olvidaron del asunto hasta este momento.


Meses después he vuelto a ver a Almudena, va superando la muerte de su marido, porque no le queda más remedio y porque tiene que poner todo su empeño en mantener a su familia. Su situación es muy complicada.


Me acuerdo mucho de esta familia, pero lo he vuelto a hacer la semana pasada cuando Mercedes, la mujer de Leandro vino a decirnos que este había muerto después de una larga enfermedad. A Leandro le conocí en uno de los negocios de barrio, hará doce o catorce años, en aquél entonces me pidió un seguro de vida y se lo hicimos, y a los dos o tres años se llevó el negocio a otra parte y dejamos de vernos a menudo.


Mercedes venía con la tristeza esperada del momento, pero sonrió un momento cuando le contestamos "Sí, claro.", a su pregunta sobre si cobraría el seguro de vida. Mercedes cobrará 120.000 euros del seguro de vida de su marido.


Las vidas de Almudena y Mercedes han sido parecidas hasta quedarse viudas, casadas con emprendedores, muchos esfuerzos... pero serán completamente diferentes a partir de quedarse viudas.