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jueves, 24 de febrero de 2011

Orgullo

De vez en cuando uno se siente orgulloso de su profesión incluso valido para la sociedad: el constructor cuando entrega un edificio, el médico tras un buen diagnóstico, el comercial que hace una buena venta...



Hace unos días  recordaba la llamada de un cliente un mes atrás: "¡Me han arruinado la vida! Han entrado a robar y se han llevado todo... me han arruinado...". Cuando escuchas algo así a un hombre de 55 años, duro como los de antes y sollozando, entiendes su desesperación, sus miedos...


Como me contó alguien hizo un butrón, habían entrado en su negocio y durante un fin de semana lo habían vaciado. En ese momento el empresario pensó que  no podía seguir trabajando, no podía atender los compromisos con sus clientes, no tendría ingresos para pagar a sus proveedores... ni siquiera tenía edad para empezar de nuevo, ni  encontrar un trabajo por cuenta ajena...


Uno que ha visto esa situación cientos de veces aún no aprende a reaccionar. El mediador de seguros suele ser el primer contacto del empresario después de la policía, y no somos psicólogos, así que uno acierta a decir "Tranquilo, para esto tienes seguro", y poco más.



Y recordaba todo esto cuando hace unos días salía de aquella misma empresa, ya sin butrón, y sin dueño derrumbado, y después de decirle "Ya te han hecho la transferencia, de la totalidad de lo reclamado".


La cara de este hombre vuelve a ser la de antes del suceso, todo ha vuelto a la normalidad. En unos meses no recordará haber dicho lo que dijo porque el cerebro no está para almacenar malos momentos. Yo tampoco recordaré este siniestro en particular porque he vivido muchos iguales. Por eso, en aquél instante me permití sentirme orgulloso.