martes, 28 de febrero de 2012

Estilo comercial

Hoy os traigo un sucedido:


Digamos que Paquita, aunque el nombre sea más creíble que la historia es lo único falso, trabaja durante casi veinte años en un comercio, es de esas empleadas casi de la familia del pequeño empresario.


Paquita, durante años, contempla la relación que tiene su jefe con su mediador de seguros, se da cuenta que siempre habla con un par de personas y que desde siempre son los mismos, que le resuelven todos sus problemas, que nunca queda descontento con las indemnizaciones de los siniestros, en definitiva que  hay una relación de confianza entre su jefe y quien gestiona sus seguros.


Paquita es una persona normal, que, como la inmensa mayoría, cuando tuvo que hacer su seguro de hogar no pudo elegir donde hacerlo, ni como, porque lo hizo el banco cuando se compro el piso. Cuando llegó el momento de usar su póliza de seguro quizá esperaba con el banco una relación similar a la que había visto en sus jefes con sus aseguradores. Craso error.


Paquita que ha tenido la oportunidad de conocer dos mundos aseguradores completamente diferentes, se plantea cambiar, y se sorprende porque cualquier mediador de seguros le hace su póliza en mejores condiciones que la que le hizo el banco "por ser una buena cliente".


Y da el paso, se atreve a abandonar al banco, presenta una carta de anulación de su póliza de seguro. El superbancario extrañado, le dice enseguida "podemos mejorarte el precio", y ante la negativa de Paquita, le pregunta "¿Por qué?", y ella le explica que prefiere tener sus seguros con una persona que entienda de seguros, y que le ayude cuando tiene un siniestro. Y el superbancario desairado coge la carta de anulación y le espeta "Vale, lo tendremos en cuenta cuando pidas un crédito".


Paquita sale de la sucursal aún mas convencida de que ha hecho lo correcto, pero con la duda de como le tratará el banco en adelante por no tener el seguro con ellos.


Esta historia real es desgraciadamente el día a día del consumidor, que tiene que convivir con la traumática experiencia del trato con la banca y su fino estilo comercial.