miércoles, 2 de junio de 2010

Juez y parte.

Copio el artículo que escribí para el número de abril de Actualidad Aseguradora.


¿Qué ocurriría si una ley obligara a tener un seguro que para su contratación nos impusiera el cambio de nuestra hipoteca a un banco afín a la aseguradora?

Chirría, suena maquiavélico, pero es la traducción de lo que vivimos los consumidores cuando nos acercamos a una entidad bancaria a contratar una hipoteca, la Ley nos obliga a tener un seguro y el banco a que sea en su compañía afín.

Tanto la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, como la Comisión Nacional de la Competencia, opinan que es algo legal y natural que ocurra. Démoslo por bueno.

Pero la cosa avanza, comprobado que el sistema funciona se amplía, ya nos obligan a contratar un seguro al pedir el préstamo para comprar el coche, al pedir una cuenta de crédito para la empresa, o una línea de descuento, y pronto será condición sine qua non contratar un seguro para abrir una cuenta corriente, y será igual de legal y natural. Ya no hay límite.

En estas condiciones de mercado son de esperar las continuas noticias de como BancaSeguros crece, reduciendo el volumen de negocio que tiene la industria de la mediación tradicional, que a mi me gusta llamar mediación profesional. De esta industria viven decenas de miles de familias y si no se hace algo pronto habrá llegado el momento de reconvertirse.

Es lugar común que los mediadores han de dar a conocer al público el valor añadido de contar con un profesional, explicar el servicio que ofrece un agente o corredor... ya da igual. En breve no tendrán oportunidad de distribuir, porque el consumidor no podrá elegir, es el verdadero perdedor, pero a quién le importa.

Ya vemos como los bancos venden seguros, pisos, algunos coches, y el modelo de negocio se extenderá y serán los vendedores exclusivos de todo aquello que sea necesario financiar. No es sano para el mercado que quién obliga sea quién distribuye. No se puede ser juez y parte.

El consumidor pierde, porque no puede elegir, y el mercado se corrompe porque no hay libertad. La anulación de la competencia hace subir los precios y empeora el servicio. Joaquín Sabina en su disco "Juez y parte" (1985) decía " Yo no les pregunto nunca a mis clientes datos personales,  me pagan y punto, pasa tanta gente por estos hostales".

La banca tiene el objetivo de conseguir el mismo nivel de penetración en Seguros Generales que el que tiene en Vida, y perpetrando semejantes transgresiones, siempre legales y naturales, lo va a conseguir. La mediación profesional se reducirá y adaptará - ¡qué remedio! - y los consumidores perderán garantías, servicio, dinero y libertad. Alea jacta est.
Pero abandonemos la realidad y seamos optimistas. Contando con que nadie legislará a favor del consumidor porque iría contra los intereses bancarios ¿qué hacer? Semanas atrás podíamos leer como un Colegio de Mediadores ha llegado a un acuerdo con una de las cajas provinciales, un pacto de no agresión, un pacto comercial. La banca aún desconoce el poder de los mediadores tradicionales unidos, lo desconocen incluso ellos mismos, pero decenas de miles de profesionales de prestigio recomendando una entidad bancaria concreta es una fuerte influencia. Este es un ejemplo del trabajo que hay pendiente: pactos de no agresión y acuerdos de buenas prácticas con bancos y cajas de ahorros que se comprometan a colaborar con los consumidores. Bancos y cajas que asuman planes de formación suficientes para que sus empleados cumplan con conocimiento. Acuerdos con entidades financieras que ofrezcan a sus clientes libertad gratis.

Esos bancos y cajas mejorarían su imagen y el colectivo de mediadores profesionales, aunque parezca increíble, podría colaborar con los que no quieran ser juez y parte.