jueves, 8 de abril de 2010

Me han robado.

Hace años, en la anterior crisis, una vez llegado al momento del aumento de la delincuencia, en un bar escuché " ¡¡A ver si me roban un día de estos y salvo el mes...!!". La idea de este delincuente en potencia era aumentar las mercancías que le robasen para obtener un sobresueldo. Por si no caéis el asunto es un fraude.


En aquella época un perito me contó como al tasar los daños de un pequeño bar, de donde los viejos del lugar toman chatos de vino y juegan al dominó, el propietario reclamaba entre otras cosas una caja de botellas de Chivas 12 años: "porque se servía mucho". Pero el hombre se quedó en blanco cuando el malvado perito le pregunto por el color de la etiqueta de las botellas...


En la vieja Europa, sobre todo en la del Mediterráneo, la mentira y el engaño no está mal vista, y esa idea la tenemos asumida desde tiempos inmemoriales.  Ya en La Odisea Ulises engaña a los troyanos con el caballo, engaña a Polifemo con su nombre... Y Homero lo retrata como héroe . Otro personaje que tenemos como ídolo que engaña para no ser descubierto es el Jean Valjean de Los Miserables. Victor Hugo pone a Javert, representante de la Ley, a perseguir de manera incansable al bueno de Valjean y acabamos casi por odiar al pobre policía.


Es el mundo al revés, pero tenemos tan asumido el engaño, que lo entendemos como normal. Y a quien consigue hacerlo con éxito le tildamos de valiente y valeroso. Aún así conviene recordar que el engaño en los seguros suele ser un delito.


Conste que el comentario es sólo para aprovechar y colgar esta magnífica sátira del genial José Mota: