martes, 26 de abril de 2011

El temple

¡Deus Vult!


La frase (¡Dios lo quiere!)  se le atribuye al Papa Urbano II en un discurso con el que llama a las cruzadas en el Concilio de Clermont. Poco después los príncipes y reyes europeos se van uniendo al llamamiento. Años más tarde aparecen los templarios,  se crea la Orden del Temple para defender los lugares sagrados conquistados en esas cruzadas.


La templanza tiene que ver con la moderación, el punto de elasticidad... y desde luego moderación no se debería observar en plenas cruzadas con los templarios repartiendo manporros a diestra y siniestra.


Echevarri es uno de mis bloggers preferidos de Rankia, un tipo con opinión propia, que es lo mejor que se puede decir de alguien que escribe, y hace unos días tocó el asunto de la sentencia de la Audiencia Nacional que ve como legal que los bancos condicionen sus productos, o la propia concesión de un crédito, a que se contraten seguros en sus entidades afines. [Por cierto que es la misma justicia que hoy suelta a un preso y mañana lo pone en busca y captura. ]


Echevarri ofrece su visión más liberal entendiendo que es normal el resultado de la sentencia y siguiendo sin entender a los que defendemos la postura contraria: los que estamos, como el dice, de Cruzada contra la banca. Carlos Lluch, otro de mis bloggers de Rankia, contesta acertadamente dudando quien lanza la cruzada y quien solo defiende sus intereses legítimos.


Sin duda cuando hay manporros por ambos lados ninguno tendrá la razón absoluta, y menos aún, prentendo que sea la mía.  Aunque esté de cruzada, trataré de hacerla con temple.


El fondo no es quién manda en Jerusalem, o quien hace las pólizas. El fondo es que los fieles puedan ir libremente a Jerusalem, si quieren... o contratar una póliza en verdadera libertad.


Los templarios no tenían como fin último el propio lucro (aunque lo hicieran a través de movimientos financieros), su función era custodiar reliquias y posibilitar que los fieles pudieran acudir a Tierra Santa.


Los mediadores de seguros que hoy protestamos, no lo hacemos por nuestro propio negocio que se puede adaptar al nuevo escenario, queremos propiciar que el consumidor siga siendo libre. Y si quiere ir a rezar con nosotros, bien; y si ya no tiene fe y se va al banco, estupendo, siempre que sea lo que el  consumidor decida libremente.


No creo que se pueda catalogar la intención de mesiánica por pedir libertad para el consumidor.





Dibujo: Netzahualcóyotl