lunes, 2 de agosto de 2010

Nadie me enseñó a humillar.

Leo un artículo en el BDS, que hace referencia a una carta al director que aparece en el periódico El Mundo de 26 de julio.

No puedo evitar copiarla:

Sr. Director: ¡Qué suerte! Con el paro que hay en España, hace unos días me llamaron para trabajar como becario administrativo en una empresa de subcontrata de las aseguradoras. Nada más llegar, me colgaron el teléfono encima del hombro; y, entre equilibrios, tuve que ser capaz de sujetarlo con la oreja para empezar a teclear lo más rápido posible. En la facultad jamás me enseñaron a mecanografiar, ni tampoco me explicaron cómo debía humillar a un operario para que termine el trabajo en el mismo día; ni me enseñaron que en la construcción la jornada máxima es indiferente.

Pero, de repente, en apenas unas horas en mi puesto de trabajo, ya había aprendido a darles largas a los damnificados de una inundación; a poner excusas para no pagar la indemnización correspondiente; o a cómo firmar la rescisión de un contrato que ni siquiera has visto. Está claro que dos días de prácticas enseñan más que dos carreras. P. M. S. (Álava)
.

Parece que el afortunado ex parado fue fichado por una empresa de atención al cliente subcontrada de una aseguradora, da igual cual, no hay diferencias, todas son iguales, le dieron un curso de 10 minutos y le pusieron a contestar clientes cabreados.

Los años de universidad no valen para nada. Aprendes a poner excusas con una sonrisa en un par de horas de atención telefónica. ¡Qué remedio!

Creo que es conocida mi idea sobre los telefonistas y el tipo de atención que ofrecen, pero es que no es culpa suya. Los telefonistas, todos, seguro que acudieron a la oferta de trabajo con ganas de aprender, con la idea de hacer un trabajo que ayude a los demás... y al cabo de dos horas son los reyes de la excusa, del pretexto y la evasiva.

Las empresas subcontradas de aseguradoras, o de asistencias , no pueden perder el tiempo en formar, ni les interesa. No tienen obligación de hacerlo. Se dedican a escuchar al cliente y mandar un  reparador. El reparador, un profesional mal pagado, peor formado, cargado de trabajo en exceso para poder vivir, y otro experto en poner excusas.

Y hace 15 años las empresas de asistencia y los call centers eran la solución para mejorar el servicio de las aseguradoras...