martes, 14 de abril de 2009

El comprador de seguros de vida.

ICEA lanza un estudio sobre el seguro de vida y aporta una idea de quien compra seguros de vida.

Personalmente me da pena leer este resumen:

El comprador de seguros de vida es un varón de 39 años, trabajador por cuenta ajena y asegura un capital inferior a 18.000€.

Estos datos son estadísticos, o sea, para cogerlos con pinzas, pero da una idea de cual es la cultura de quien compra un seguro de vida, pero yo creo que también deja la huella de quién lo vende, o coloca.

Estaría bien recordar para que se usa un seguro de vida, estaría bien que se lo recordaran a quien va a contratar un seguro de vida. Aquí hace unos meses me atrevía a hacer unas recomendaciones sobre "Como contratar un seguro de vida" , y está claro que caen en saco roto, y no solo son mis recomendaciones, deben ser las de cualquier profesional sensato.

Asegurar 18.000€ de seguro de vida para una persona normal de 40 años, con hipoteca, créditos, niños... es ridículo, es tirar el dinero. La viuda de nuestro cliente tipo vería esta mísera prestación como una limosna, una gota insignificante en un mar de deudas.

Este no es el sentido del seguro de vida.

¿Por qué se contratan estas pólizas que no cumplirán con las necesidades de quien paga la prima?

Entonaré el mea culpa en nombre de la mediación; estoy convencido que muchos de esos seguros de vida ridículos van de compañero de viaje con otra póliza: la de un coche, de un negocio... La presión de las aseguradoras para que los mediadores vendan vida lleva a estos a forzar las ventas, hasta el límite de hacer las cosas mal.

Pero como salimos de la Semana de Santa me viene a la cabeza la frase "Al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios"; seamos justos y a cada cual lo suyo, hablemos de las monedas del Cesar, o de quien guarda las monedas... Y es que los bancos son los líderes indiscutibles en venta de seguros de vida.

Por un lado concluimos que la mayoría de seguros de vida están mal hechos, o no cumplirán con el fin para el que se deberían contratar, por otro que quien mayoritariamente vende los seguros de vida son las sucursales bancarias. Con estas dos premisas que cada cual saque sus conclusiones.

¿Y las aseguradoras? Felices. Porque encuentran vendedores para sus pólizas, pólizas pequeñas que les causan menos problemas.

Como de costumbre el que sale perdiendo es el consumidor que en muchos casos si estuviera bien asesorado no le importaría gastar más, para estar tranquilo.