lunes, 30 de marzo de 2009

Fraudes: Todos perjudicados.



Adrián Couceiro escribe para Arpem.com un artículo sobre el fraude en los seguros y hace una segmentación interesante por estilos.



Divide a los defraudadores entre "habituales" y "ocasionales". Pasemos de los habituales que son simples delincuentes, usan el seguro pero en cualquier momento podrían traspasar la línea hacía otros delitos, como aquellas venerables ancianitas.

De estos defraudadores ocasionales, para mi, el caso más extendido es el del "Tipo 1", que aprovecha que le ha ocurrido un siniestro para simular más daños. Recuerdo hace unos años, en la anterior crisis, como robaban en todos los bares de Móstoles regularmente, y se oía en algunas barras "A ver si me entran ya y arreglo el mes con el seguro". Y es que era el momento perfecto para contar que además de las 5.000 pesetas de cambio de la caja se habían llevado dos cajas de "Chivas".

Sobre los tipos de fraude: Adrián hace una diferenciación básica y muy interesante: lo que se producen a la hora del siniestro y los que se producen a la hora de hacer la póliza, entre estos se encuentran la ocultación de jóvenes conductores con intención de pagar menos por el seguro. Y entre los primeros las simulaciones, agravamientos y cambios de versiones...

Couceiro, también diferencia los tipos de motivación para cometer el fraude: penurias económicas, falta de reproche social y los escasas situaciones en las que el asunto llega a los tribunales, que hace pensar que no pasa nada por engañar un poco. Aunque no siempre sea así.

Titulo "Todos perjudicados", porque esa es la conclusión que deberíamos sacar, el fraude no es más que dinero que las compañías pagan y no deberían hacerlo. Ese dinero, como todo el que la aseguradora indemniza es fruto de las primas que pagamos entre todos. Por lo tanto entre todos tenemos que pagar las indemnizaciones a esos asegurados convertidos en delincuentes.

Y no sólo eso, también pagamos entre todos la inversión de las aseguradoras en la lucha contra el fraude.

Ya es hora de que el consumidor entienda que delinquir, incluso contra una aseguradora, no debe estar bien visto.